22 de octubre de 2014

Devonshire un demonio sobre la nieve

Todo comenzó en Inglaterra el 8 de Febrero de 1855, un fuerte invierno hizo que el condado de Cornualles (Oeste de Inglaterra) este cubierto de nieve, pero esto no fue lo más sorprendente, sino que encontraron en la nieve huellas en forma de pequeños cascos de caballos, estupefactos por este misterio se dieron cuenta que estas huellas medían unos 10 cm de largo y 7 cm de ancho y como si esto no fuera poco estás estaban alineadas (como si fueran el resultado de haber saltado sobre una sola pata).
Estás huellan cubrían la nieve más de 150 kilómetros y estás no se desviaban frente a los obstáculos, pero en un muro de 5 metros de alto, retomó su camino inmediatamente detrás, sin dejar la más mínima marca en la cima, lo mismo sucedió con un pajar.
Los aldeanos se dieron cuenta que estas huellas no pertenecían a un animal conocido, el rumor comenzó a propagarse...Las noticia por un comienzo viajaba muy lentamente pero cuando hubo una edición de London Times ( 16 de Febrero de 1855) volviéndola famosa pero poco después en el Illustrated London News fue cuando se destaparon las pasiones. En el comienzo los londinenses se burlaron de los provincianos de esta historia aludiendo que todavía seguían bajo influencias de supersticiones medievales, sin embargo las pruebas se volvían cada vez más contundentes, las notas minuciosas de un naturalista del Devon manifestaban que las huellas no provenían de un animal conocido.

Las huellas publicadas en los diarios de
febrero de 1855 suscitan curiosidad y
temor: ¿qué extraño animal con cascos
 puede dejar huellas alineadas de esa manera?


Un testigo cuenta
[...]En todas las comarcas, las huellas eran exactamente del mismo tamaño y el paso del mismo largo. Este visitante misterioso no pasó, en general, más que una vez por cada jardín a cada patio, así como por casi todas las casas de los barrios urbanos y en las granjas vecinas, [...] Atravesaban los muros como si no constituyeran el menos obstáculo. Los jardines rodeados de altas empalizadas o muros, y cuyas puertas estaban cerradas, fueron tan cruzados como aquellos que estaban sin protección. [...] Dos habitantes de la comuna siguieron una línea de huellas durante tres horas y media, pasando bajo hileras durante tres horas y media, pasando bajo hileras de árboles frutales en espalderas, perdiendo luego la pista de las huellas y reencontrándolas sobre el techo de las casas a las que su búsqueda los había llevado [...]
El famoso paleontólogo Sir Richard Owen (Biólogo, paleontólogo y anatomista) creador de la palabra "dinosaurio" examinó los dibujos de las huellas y declaró una respuesta sorprendente para un científico de su envergadura, "eran un grupo de tejones", otras suposiciones extravagantes fueron las siguientes: Sapos, nutrias, una rata, una liebre coja, etc, fuera de la hipótesis de un demonio los habitante de Devonshire se inclinaban por un burro (por la forma de las huellas), pero lo que no se puede explicar es como pudo haber subido el burro el techo de varias casas sin hacerse notar, pero los meses pasaron y la bestia no se volvió a manifestar más, dejó de estar en primera plana de la prensa, solo los aficionados de este hecho permanecieron intrigados.
Un bipedo con cascos ¿es el demonio del Devonshire?
Casos de Huellas:
La polémica que desató el illustrated London News hizo resurgir otros casos de huellas en forma de cascos que permanecieron inexplicados. Sin embargo, el siglo XIX y el siglo XX no tienen el monopolio de estas huellas misteriosas. 
Testimonios contemporaneos. Un corresponsal alemán del diario mencionado señaló que marcas similares aparecían todos los años en una colina de Galicia, y otro lector recordó que, en 1840, el célebre explorador James Ross las encontró en la isla de Kerguelen, donde no vive ningún animal de cascos. En el Times del 14 de marzo de 1840, se hizo mención a otras huellas que se extendían por kilómetros cerca de Glenorchy, en Escocia. Más tarde, se encontraron huellas de diversos tamaños en Nueva Zelanda (1886); en las playas de Nueva Jersey, en los EE.UU. (1908); en Bélgica (1945), nuevamente en el Devonshire (1950), en Escocia (1952) y finalmente en las laderas del Etna, en Sicilia (1970).
Huellas antiguas. Existen también huellas similares que se remontan a tiempos lejanos. Un manual de historia japonés cita un caso semejante en 929, al interior mismo del palacio imperial. El monje benedictino Flavellus, de Épernay, escribió sobre demonios que dejaron huellas monstruosas durante una tormenta en 943, así como lo hicieron testigos de la ciudad de Scarborough en 1065. Finalmente, el abad inglés Ralph de Coggeshall relató un fenómeno similar ocurrido en York bajo el reino del rey Ricardo Corazón de León (1189-1199), y otro, en 1205.
Viejas leyendas. Estás observaciones deben acercarse a las tradiciones que describen animales fantásticos, tales como el Fachan escocés o el Pe de Garrafa en Brasil, que no tendrían más que una pata, un ojo, y un brazo que les salía de en medio del pecho. Estás leyendas todavía persisten, ya que en 1954, un cazador brasilero afirmó haber cruzado el camino de Pe de Garrafa...
Fuente: Los grandes enigmas (Larousse)